lunes, 7 de diciembre de 2015

Antonio Caso

Como parte de los intelectuales de la posrevolución, Antonio Caso Andrade nació el 19 de diciembre de 1883 en la Ciudad de México y durante su adolescencia entro a la Escuela Nacional Preparatoria en donde comenzó a involucrarse con los asuntos de filosofía y cultura que después lo permitirían ser uno de los más importantes personajes de las letras del siglo XX, además de trabajar entre los maestros y compañeros que después lo acompañaron en su obra.


Su obra se desenvuelve en varias direcciones: di­vulgación, docencia, política universitaria y publicaciones. Miembro fundador y primer presidente del Ateneo de la Juventud (1908), junto con José Vasconcelos, Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña, inicia en México una cruzada de renovación cultural que culminaría con el rechazo a la educación positivista y la restitución de los estudios filo­sóficos en las aulas. 
En 1913 inaugura las cátedras de filosofía en la re­cién fundada Escuela de Altos Estudios (de la que llegó a ser director en varias ocasiones) y comienza a impartir conferencias programadas por la Universidad Popular -creada el mismo año por el Ateneo—, con el objeto de llevar al pueblo rudimentos de cultura superior. Las confe­rencias se impartían en los talleres y centros de agrupación popular y se completaban con visitas a los museos, excursiones, etcétera. Exten­dió su labor de divulgación a Sudamérica, a donde viajó en 1921 como embajador extraordinario (Perú, Chile, Uruguay, Brasil y Argentina), para estrechar lazos culturales. Perteneció a las más altas corporacio­nes intelectuales del país, y en 1943 fue miembro fundador de El Cole­gio Nacional.
Lo anterior no le impidió escribir y cultivar su actividad docente. Durante treinta y cinco años fue sucesivamente profesor de Ética, Es­tética, Epistemología, Historia de la filosofía, y Filosofía de la historia en la Facultad de Filosofía y Letras, de Sociología en la Facultad de De­recho y de Lógica y Metodología en otras instituciones. Defensor de la libertad de cátedra y el pluralismo ideológico, luchó en favor de la au­tonomía universitaria y en contra de cualquier filosofía oficial. Fue profesor eminente. Enseñó las más diversas corrientes filosóficas y fomentó el conocimiento de las circunstancias nacionales para evitar imitaciones extralógicas.
Sus inquietudes filosóficas lo inclinaron hasta el antiintelectualismo y el intuicionismo (incluyendo todo tipo de intuiciones, desde la empática, volitiva, eidética, etcétera), como formas de explorar desde diferentes ángulos la experiencia total, exploración que tampoco podía desdeñar las aportaciones de las ciencias, pero sin reducirse a éstas. Su preocupación por problemas morales y existenciales lo condujo a escri­bir (entre 1916 y 1919) su obra capital La existencia como economía, co­mo desinterés y como caridad, que auguró un existencialismo cristiano (al ver en la caridad y la esperanza categorías exclusivas de la existen­cia humana). 
Entre su numerosa bibliografía también cabría mencio­nar El problema filosófico de la educación El concepto de la historia uni­versal y la filosofía de los valores; El problema de México y la ideología nacional; Principios de estética; Sociología genética y sistemática; El peli­gro del hombre y La persona humana y el estado totalitario. Durante toda su vida escribió en la prensa y en revistas especializadas artículos que recogió en sus libros Problemas filosóficos; Filósofos y doctrinas mora­les; Ensayos críticos y polémicos; Discursos a la nación mexicana; Discur­sos heterogéneos, etcétera.
Recibió de Francia las Palmas Académicas y de Alemania la Medalla Goethe Für Kunst und Wissenschaft. Fue doctor honoris causa de las universidades de Río de Janeiro, San Marcos de Lima y la Universidad de la Habana. México lo proclamó el Maestro de la Juventud
Fue doctor honoris causa y profesor emérito de la UNAM. Asimismo, fungió como director honorario de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, y fue también rector de la UNAM (1920-1922-1923).








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