jueves, 10 de diciembre de 2015

Pintura

A partir de la ilustración la estética de las identidades culturales se entrelazan en el concepto ético romántico de la sinceridad, de lo auténtico y verdadero. Lo Mítico y lo sagrado conforman el alfabeto del alma, acaso idéntico para todos, y expresado con la mayor diversidad de formas y criterios subjetivos. 

Desde los últimos años del siglo XIX se comienzan a ver en las distintas expresiones artísticas, principalmente en la pintura, revoluciones importantes tanto en la técnica como en los temas que se abordan, Europa sigue teniendo una gran influencia entre los grandes artistas y todos los que desearan ser creadores de grandes obras tenían que conocer la riqueza cultural europea y aprender de ello, sin embargo, esta influencia o hegemonía europea fue disminuyendo en el siglo XX con las nacientes vanguardias, lo cual, sin negar el impulso final que lo europeo permitió dar al arte, dio paso a la creación de lo propio, el descubrirse a uno mismo y nacer de entre las cenizas de las revoluciones, en este periodo, con grandes maestros como base, los nuevos pintores de entre los que destacan grandes ateneístas como Diego Rivera, Roberto Montenegro, pintores y muralistas como David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco e incluso grandes caricaturistas como José Guadalupe Posada, se vieron inmersos por primera vez en su propio mundo, su diversidad y sus propios procesos, a través de la revolución conocieron la historia y el paisaje de México desde el punto de vista de los indios, campesinos, mineros, maestros, artesanos y obreros del país, entregándole a cada uno desde su perspectiva, la verdad del problema.

En el periodo de la posrevolución florecieron en México grandes corrientes artísticas y se practicaron ciertas técnicas que a nivel mundial son bastante reconocidas de en las que destacan el muralismo, el grabado y algunos estilos en pinturas como retratos.

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