Música
Durante los años de la década de 1940
se fortaleció, en el creciente contexto urbano, un particular género de lo que
se conoce como la canción ranchera; que se separa de las principales formas de
la música tradicional mexicana, y en especial del espíritu narrativo del
corrido y otras formas regionales de música popular, que se habían impuesto
como expresión de la influencia del proceso revolucionario y del desarrollo del
nacionalismo, las cuales se expresaba con una gran diversidad regional, en
donde se elogiaba la pureza de la provincia con sus paisajes y habitantes.
El nacionalismo musical mexicano surgió a partir del
impacto social y cultural de la Revolución. En diversos países de América
Latina los compositores emprendieron la indagación de un estilo nacional hacia
la mitad del siglo XIX. La búsqueda de identidad nacional en la música comenzó
con un movimiento indigenista romántico en Perú, Argentina, Brasil y México,
basado en símbolos prehispánicos atractivos para la ópera. El compositor
mexicano Aniceto Ortega (1823-1875) estrenó su ópera Guatimotzin en
1871, sobre un libreto que presenta a Cuauhtémoc como un héroe romántico.
A fines del siglo XIX y principios del XX se percibía ya un claro
nacionalismo musical en México y sus países hermanos, influido por corrientes
nacionalistas europeas. Este nacionalismo romántico es resultado de un proceso
de “criollización” o mestizaje musical entre las danzas de salón europeas
(vals, polka, mazurka, etc.), los géneros vernáculos americanos (habanera,
danza, canción, etc.) y la incorporación de elementos musicales locales,
expresados a través del lenguaje romántico europeo dominante.
Las ideas estéticas
de los compositores nacionalistas románticos representaban los valores de las
clases media y alta de la época, en concordancia con los ideales del
romanticismo europeo (elevar la música del pueblo al nivel de arte). Se trataba
de identificar y rescatar ciertos elementos de la música popular y revestirlos
con los recursos de la música de concierto.
En este periodo se
aprecia que la mayoría de los compositores mexicanos siguieron un camino
ecléctico, el cual les permitió aproximarse a varios estilos combinando
elementos musicales nacionales o de otras corrientes. Las principales
tendencias cultivadas durante el periodo 1910-1960 fueron, además de la nacionalista, la posromántica o
neorromántica, la impresionista, la expresionista y la neoclásica, amén de otras excepcionales, como el llamado microtonalismo.
Durante la primera
mitad del siglo XX la música y las artes no fueron ajenas a la gran influencia
ejercida por el nacionalismo, fuerza ideológica que ayudó a la consolidación
política y social de los países latinoamericanos en la búsqueda de una identidad
cultural propia. Si bien el nacionalismo musical disminuyó su importancia en
Europa hacia 1930, en América Latina continuó como una corriente importante
hasta más allá de 1950. El México posrevolucionario favoreció el desarrollo del
nacionalismo musical a partir de la política cultural aplicada por el Estado
mexicano en todas las artes. Ancladas en la estética nacionalista, las
instituciones culturales y educativas oficiales apoyaron la obra de artistas y
compositores, y propiciaron la consolidación de una infraestructura musical
moderna basada en la enseñanza y la divulgación.
El nacionalismo musical consiste en la asimilación o
recreación de la música popular vernácula por los compositores de música de
concierto, ya sea de manera directa
o indirecta, evidente o velada, explícita o sublimada. El nacionalismo musical mexicano fue proclive a la mezcla estilística,
lo que explica el surgimiento de dos fases nacionalistas y varios estilos
híbridos.
El nacionalismo romántico, encabezado por Manuel M. Ponce
(1882-1948) durante las dos primeras décadas del
siglo, hacía énfasis en el rescate de la canción mexicana como base de una
música nacional. Entre los compositores que siguieron a Ponce por esta vía
estuvieron José Rolón (1876-1945), Arnulfo Miramontes (1882-1960) y
Estanislao Mejía (1882-1967). El nacionalismo
indigenista tuvo como líder más notable a Carlos
Chávez (1899-1978) durante las dos décadas
siguientes (1920 a 1940), movimiento
que pretendía recrear la música prehispánica mediante el uso de la música indígena
de la época.
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